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Los miserables y la violencia de género, por Miguel Lorente.

El 29 de julio han asesinado a una mujer en Málaga, tenía 25 años y era madre de un niño al que el asesino llama hijo por eso de la biología; y aunque los hechos parecen limitarse a una determinada hora de la madrugada, la historia de este crimen, como la de todos los homicidios por violencia de género, es más larga. 

Las condenas no han tardado en producirse, como siempre condenas en abstracto en contra de la violencia de género, y muchas de ellas insistiendo en lo que la mujer, Verónica Frías, debía  o no debía haber llevado a cabo. No se ha hecho referencia a los hombres que maltratan a las mujeres, tampoco al machismo que se ve a diario en los medios de comunicación y a nuestro alrededor, al que todo el mundo considera parte de la normalidad, incluso como algo gracioso o simpático en determinadas circunstancias. Y por supuesto, no se ha mencionado de manera crítica al agresor, tan sólo se ha descrito una historia antigua de violencia caracterizada por dos hechos fundamentales: la violencia que él ejercía sobre Verónica, y la actitud justificativa de ella que lo perdonaba, hasta el punto de no querer denunciarlo y de retirar la denuncia tras interponerla. Una situación que se ha mantenido hasta la actualidad, cuando hace tan sólo unos días fue atendida en el hospital Carlos Haya por una nueva agresión, y no quiso tampoco denunciar. 

¿Cómo es posible que ante los indicios objetivos de violencia y los antecedentes de una historia de agresiones no se adoptaran medidas contra al agresor, al margen de la voluntad de la víctima?, ¿desde cuándo para perseguir un delito público hace falta la autorización de la persona que lo sufre?... La mujer puede renunciar a las medidas dirigidas a su atención y asistencia, como hizo; está claro que no se le puede obligar a recibirlas, aunque el abordaje debería tener en cuenta sus circunstancias, pero sobre el agresor sí se puede y se debe actuar. 

No deja de resultar paradójico que se tomen medidas sobre una persona en contra de su voluntad ante la posibilidad de que padezca una determinada enfermedad infecto-contagiosa que pueda afectar a otras, aunque no sea una patología mortal, y en cambio no se haga nada contra un agresor que revela elementos objetivos de riesgo, como ocurría en este caso. 

Los hechos duelen mucho, pero duele aún más la miseria humana que nos rodea para permitir que la violencia de género continúe y aumente.

Puedes continuar leyendo este artículo aquí. (Publicado originalmente en eldiario.es)

Sobre al autor, Miguel Lorente Acosta:

Profesor Titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada, también Médico Forense, Especialista en Medicina Legal y Forense, y Máster en Bioética y Derecho Médico. Ha trabajado en el análisis del ADN en identificación humana, el análisis forense de la Sábana Santa, y en el estudio de la violencia, de manera muy especial de la violencia de género, circunstancia que llevó a que le nombraran Delegado del Gobierno para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad.

 

Ilustración de portada: Los Miserables de Gabriel Pacheco.

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